ABRIENDO VENTANAS: Textos para disfrutar y reflexionar
Risto Mejide
Creativo publicitario nacido en Barcelona en 1975. Licenciado y MBA en Administracion y dirección de Empresas por ESADE, se dedica a la publicidad desde los 23 años y ha trabajado para agencias como Bassat Ogilvy&Mather, Saatchi&Saatchi, Leagas-Delaney o Euro RSCG. Duranto un tiempo trabajó para Britney Spears, U2, Radiohead y Lou Reed, grabó parte de un disco de Luz Casal, y pasó una temporada en EEUU montando una serie de TV sobre publicistas que todavía no se ha emitido. También ha sido Director Creativo en Doctor Music Networks, y fue profesor part-time en el Departamento de Sistemas de Información en ESADE, con sólo 28 años. En la actualidad es, según sus propias palabras, "algo así como un director creativo" en la prestigiosa agencia de publicidad S,C,P,F, y goza de un gran prestigio entre la profesión.
En 2006, fue considerado el tercero más relevante por los 26.000 registrados en el portal Márketing Directo, superando en las votaciones a presidentes y directores generales de otras importantes agencias. En junio de 2006 hizó su primera incursión en el mundo de la televisión, participando como jurado en un concurso de Antena 3 llamado "El invento del siglo", en el que valoraba con dureza los inventos presentados por los concursantes. El programa no tuvo éxito y fue cancelado después de las 3 primeras emisiones. Su salto a la fama se produjo a partir de octubre de 2006, con su participación como jurado en Operación Triunfo 2006. Su crítica mordaz a los concursantes y al propio programa levantó una gran polémica y le convirtió en el protagonista absoluto del programa, por encima de los mismos cantantes. Durante sus intervenciones, la audiencia llegaba a doblar a la audiencia media del programa. Tras el final del concurso, Risto ha sido entrevistado en numerosos periódicos y programas de radio y televisión, y actualmente es colaborador de Protagonistas, de Luis del Olmo, en la emisora Punto Radio.
"Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos. Y hablando de ponerse, vete poniendo cómoda, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más.
Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez.
El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras.
Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso.
El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de sopetón.
No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú. Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve a entrar pasados unos minutos.
Discúlpame si es la única solución, es lo que tenemos los de la vieja escuela, que a estas alturas ya no nos fabrican ni los recambios.
Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo.
Para a acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofá de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que los disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión.
Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. Aquí no vienes a competir con nadie, sino a compartirte a mí. Y lo de dar explicaciones, para el señor Stevenson.
El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar, y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos.
Dime que intentaremos toda una vida, e iré encofrando mis nunca más.".
El sentimiento negativo - Editorial: Espasa Calpe - Publicación: 2009, Madrid - ISBN: 978-84-67-032284